¡Segundo paso dado! Ya están en el campo 3!. Todo va muy bien, como decía un conocido actor, “me encanta que los planes salgan bien…!”. A las 7 de la mañana ya estaba en la zona destinada a la radio, pendiente de que sonara la voz de Asier. Sabía que me precipitaba porque anoche quedamos en que se obligarían a esperar a las 8, dado que hoy sería un día corto y, en cambio, mañana, más largo. Y efectivamente, a esa hora nos ha llamado Asier. Resulta que han dormido muy bien todos, lo que es noticiable. Las comodidades del campo 2 y un poco de ayuda química han colaborado en ello, pero no debemos olvidar que también esto es un signo de haber conseguido una correcta aclimatación. ¡Otra buena señal!


Después de desayunar en el campo 2, incluyendo “Ensure”, se han puesto en marcha. En la mochila han metido una sorpresa: Ngati les ha preparado unas lentejas para cenar en el campo 3. Este tipo es una máquina, viene a confirmar lo importante que es un buen equipo de apoyo, desde el primero hasta el último (de hecho, yo no sabría decir quién es el primero y quién es el último).
A las 12.10h. nos llamaba Edurne, entusiasmada, para comunicarnos su llegada al campo 3. Me empeño en frenarlos, que no hagan carreras, y aún así, cómodos, han llegado a destino en 3 horas, de nuevo una muy buena marca. No me importa tanto el tiempo como el esfuerzo consumido. Consultados sobre esto, me dicen que el camino, pese a la nevada de anoche (la mitad que a nosotros), estaba fácil y rápido; se nota el paso de gente y la ruta se dispone en escalones, lo que facilita el tránsito, incluso lo hace un poco más seguro. ¡Bien!
La sorpresa (siempre hay una) ha sido que hemos tenido inquilinos; por lo visto, alguien ha dormido en nuestras tiendas; no pasaría nada si no fuera por el poco respeto que estas personas han tenido, dado que han revuelto algunas cosas e incluso han dejado restos de basura en el interior.

La verdad es que me resultan inexplicables estas cosas; no tenemos problema en que alguien apurado se refugie en nuestras dependencias, faltaría más, pero esa ausencia de respeto tan absurda de dejarlo todo desordenado o de no recoger la basura pareciera, de alguna manera, como si uno quisiera hacer las cosas mal aposta.
Aún somos afortunados por el hecho de que parece que no falta nada; imaginaos lo que significaría un hecho de estos; dependiendo del material que faltara incluso podría comprometerse el seguir adelante con el ataque a cumbre. Pero, como digo, esto no ha ocurrido, de modo que lo dejaremos en anécdota.
Ya instalados, no queda sino descansar y recuperar fuerzas, con el ojillo puesto en el cielo y los dedos cruzados para que la prevista nieve de la tarde caiga en poca cantidad.
¡Hoy duermen a 7.200m.!

Por Pablo Díaz-Munio
Doctor de la Expedición Desafío 14+1