Ya de vuelta en casa, después de disfrutar de unas intensas semanas en Nepal y en el Reino de Buthan. Intensas, tanto en el aspecto físico como en el emocional, aunque esta vez la finalidad no era ascender ningún 8.000.

Mountaineers for Himalayas Foundation

Mountaineers for Himalayas Foundation

Tal y como os he comentado alguna vez, colaboro desde hace más de 10 años con Mountaineers for Himalayas Foundation (MHF), una fundación desde la que intentamos ofrecer un futuro mejor a los niños sin recursos o con entornos familiares conflictivos de las montañas del Himalaya y el Karakorum. Esta solidaridad se concreta sobre todo en el Kailash Home ubicado en Katmandú (Nepal), el hogar que en este momento acoge a 100 niños y niñas de entre 3 y 18 años. Además del aporte económico, nuestra finalidad es encontrar personas que estén dispuestos a apadrinar nuevos niños para que éstos también puedan ingresar en el Centro. Reciben una educación tolerante y totalmente integrada en su cultura y costumbres de forma que en el futuro sean personas que, a su vez, puedan aportar su valía al progreso de su entorno. Os invito a conocer la Fundación y el Centro que gestionamos en el dossier que puedes descargarte desde nuestra web.

Mountaineers for Himalayas Foundation

No hay experiencia más gratificante que llegar a este sitio, ver cómo te reciben estos niños y niñas y darte cuenta que realmente estás contribuyendo a que puedan tener una vida más plena. Un día salí con ocho niños y niñas a comprarles ropa por Kathmandú y fue toda una experiencia. En los comercios nunca habían visto las escaleras mecánicas y, por si acaso, preferían subir los peldaños de las escaleras tradicionales… A la vuelta, los niños y el personal del Kailash habían preparado una fiesta de cumpleaños para los que celebraban su día durante ese mes, y acabamos cenando y bailando en una ambiente increíble. Cuando los más pequeños se dormían de puro cansancio, los mayores les cogían cariñosamente en brazos y los llevaban a acostar a sus habitaciones…

Lamentablemente, no son muchos los días que convivo con estos niños y niñas pero resultan tan intensos como cualquier ascensión a las montañas que los vieron nacer.