Estas últimas semanas en el Valle de Aran han sido magníficas. Bicicleta y sudor. Nieve y montaña. Paz y silencio. Aire fresco y aire puro. Belleza y más belleza. Mente despejada e ideas claras. Reflexión y convicción. Soledad e intensidad… Llevo varias días entrenándome y os digo que es la mejor fórmula para recargar las pilas. Hay proyectos a la vuelta de la esquina y tengo que estar preparada.

Me siento algo intranquila. Noto el cosquilleo que origina la montaña. Será porque no he perdido la ilusión de joven. Realmente estoy convencida que aun la mantengo. Y me gusta. Me encanta sentir esa invisible atracción cada día de calzarme las botas, coger los bártulos y tirar para arriba. Cuánto más se empina el terreno más disfruto del recorrido.
Termina el año y la conclusión que saco es que tengo intacta la ilusión por seguir en la brecha. Quiero seguir en la montaña. La tentación sigue vigente. Y me atrae la idea de pensar que mis fuerzas están intactas, con la moral a tope. No ha sido un año fácil. He pensado en muchas cosas y he llegado a la conclusión más básica. Sigo en la brecha y enamorada de la montaña. Y con muchas ganas. Después de que pasen las Navidades intensificaré la preparación porque quiero estar a tope.
Este año he dado muchas conferencias y he sentido el calor de la gente. Es otro buen método para reforzar las ganas. Que te digan que sigas, que te animen a afrontar nuevos retos significa mucho para mi. Porque en la montaña nunca se está solo. He recorrido muchas ciudades y varios clubes de montaña y he detectado una afición sana y entusiasta. !Qué gozada ver a tanta gente dispuesta a cargar con la mochila y a ponerse las botas de montaña! Me alegro que sigamos fomentando un deporte que dignifica una serie de valores necesarios para hacer crecer esta sociedad.