Acabo de recibir un DVD por mensajería. En la carátula leo “Era Innocentada 2011″. Enseguida me traiciona una sonrisa. Es uno de los mejores regalos que he podido recibir estas Navidades. Enseguida me acordé de los niños que están bajo la custodia de la Fundación Montañeros del Himalaya, a miles de kilómetros de distancia de donde me encuentro. Por ellos merece la pena seguir peleando y organizando cosas, como fue la última carrera solidaria en el Valle de Aran.


Qué mejor escenario que la habitación de la chimenea y su calor para desenvolver el regalo y recrearme con unas imágenes que me traen muy buenos recuerdos. Cuando me propusieron amadrinar esta prueba de esquí de fondo solidario nunca pensé que ochenta personas se reuniesen en el portón de salida por una causa tan bonita.

Las imágenes en la televisión me provoca un estado de bienestar. La montaña, el sol, los amigos, las sonrisas, el buen ambiente… Y los niños en el Himalaya. Una combinación enternecedora. Una sensación indescriptible. Solo sé que ya estoy deseando de que llegue el próximo invierno para organizar y participar en la segunda edición. Este tipo de iniciativas son las que me dan fuerza extra para seguir adelante cada día. No hay mejor excusa para seguir peleando.

El vídeo finaliza. Me supo a poco, pero los minutos fueron suficientes para encontrar sentido a la vida. Me quedo con el cariño de los participantes, con su sonrisa, con su cansancio, con el abrazo al compañero en la meta, con las reflexiones sinceras de los participantes, con los rostros de satisfacción de los organizadores. Y con la mía, porque pese a que me tocó llevar el dorsal número uno en condición de madrina, he de decir que era una más.