Esta noche pasada apenas si he podido dormir. Estaba nerviosa porque comenzaba la escalada de verdad. He madrugado y después de desayunar estuvimos revisando todo el material que nos llevaríamos hasta el campo uno. Sobre las siete y cuarto de la mañana nos hemos despedido de Pablo y de Asier para iniciar el camino hacia la cascada de hielo. ¡Qué nervios! Ferrán, Nacho y yo hemos cargado los crampones, los piolets, los arneses, las mochilas… Todo para pasar la noche en el campo uno. La aparición del sol en el campo base era la señal de aviso. Era el momento de ponerse en marcha. Y en ese momento he sentido un pequeño escalofrío de felicidad. Como os he dicho muchas veces, la montaña me trae muchos recuerdos y esta mañana me ha vuelto a pasar.


La mochila pesa, pero no importa. Ya estamos acostumbrados. El camino inicial ha sido tan espectacular como sencillo. A las dos horas hemos hecho una parada para llamar al campo base. Son órdenes de Pablo, nuestro médico, que está pendiente de todo. Le hemos informado que todo ha ido bien. Avanzamos más rápido de lo esperado porque las dificultades técnicas son escasas. Sorteamos las zonas complicadas de hielo con relativa facilidad porque las expediciones comerciales han colocado unas escaleras para agilizar el paso de tanta gente y no ralentizar o molestar al resto. La cascada de hielo es muy bonita.

Después de rebasar la cascada hemos parado para dar noticias a Pablo. El equipo estaba súper animado porque lo habíamos pasado con relativa facilidad y disfrutando. El resto del camino hasta el campo base ha sido sencillo pero quizás hemos acusado un poquito de cansancio. Cinco horas y media después alcanzamos el campo uno. Un éxito. Y mucha alegría. Allí estaban las tiendas preparadas para dormir, que antes habían montado los sherpas Mingma y Pasang. Ya en las tiendas hemos comentado la subida. Empezó siendo fácil pero al final nos ha costado más de lo que esperábamos. Ferrán se encuentra algo débil. Quizás haya cogido unas décimas de fiebre en la subida y por el esfuerzo. Pablo nos ha dicho que nos preocupemos y que con un poco de paracetamol desaparecerán.

La noche será dura. Estamos por encima de los seis mil metros y la temperatura baja considerablemente. Lo normal en la montaña. Ahora vamos a probar la comida liofilizada que nos ha recomendado el doctor. Es muy recomendable porque el cuerpo la absorbe enseguida. A ver cómo nos sienta y mañana, siempre con el permiso de las telecomunicaciones, os explicaré como ha ido esta primera noche fuera del campo base.

Saludos a todos