Edurne Pasaban, líder de la expedición de Endesa al Everest sin oxígeno, ha jugado un papel fundamental en la operación de rescate de varios compartriotas, en serios apuros el pasado domingo cuando descendían de la cima del Lhotse.

Edurne Pasaban ha vivido el fin de semana más tenso desde que diese comienzo la expedición Endesa al Everest  sin oxígeno. El viernes, su asalto a cima se complicaba con la indisposición de dos de los sherpas del equipo en el Campo 4, a ocho mil metros de altura. Aunque mejoraron con el tratamiento administrado por sus compañeros, rachas de viento mucho más fuertes de lo pronosticado en los partes meteorológicos retrasaron la salida de los expedicionarios hasta más allá de los márgenes mínimos de seguridad para una escalada al punto más alto del planeta sin uso de oxígeno suplementario. Decidida desde el comienzo a no hacer uso del gas embotellado, Pasaban finalmente optó por la prudencia y abortó el intento, aunque dejando la tienda y el material listos para un nuevo asalto la semana que viene.

Gracias a ello todos los expedicionarios regresaban al Campo Base sanos y salvos esa misma tarde. Sin embargo, no pudieron descansar tras los cuatro días de escalada y la noche – “toledana” en palabras de Edurne -  a 8.000 metros. Al caer la noche llegaban noticias preocupantes del Lhotse, (el ochomil anexo al Everest con el que comparte parte de la ruta): varios expedicionarios españoles habían hecho cima aquel día, algunos de ellos a horas muy tardías, tenían problemas de regreso al Campo 4. Al amanecer del domingo, se informaba por radio de que Carlos Pauner, Roberto Rodrigo e Isabel sufrían congelaciones y/o edema cerebral y que el andaluz Manuel “Lolo” Gonzalez no había regresado al campamento.

En ese momento las expediciones en el campo Base iniciaron una operación de rescate extrema y Edurne Pasaban acudió al campamento de la agencia Patagonian Brothers, desde donde se coordinaban las labores. Los guías Argentinos Damian Benegas y Matias “Matoco” erroz, de regreso de la cima del Everest, no dudaron en cambiar de rumbo y ascender el Lhotse, hasta que encontraron a Lolo, incapaz de moverse y muy débil tras pasar la noche al raso a 8.100 metros, pero vivo a 8.100 metros. Las expediciones comerciales, frecuentemente criticadas, pusieron a disposición de los heridos todo su oxigeno y movilizaron todos los sherpas que estaban en condiciones de ayudar a Lolo. Edurne Pasaban participó en la coordinación del rescate, facilitó la comunicación entre equipos y, según informan algunos medios, no dudó en adelantar el dinero necesario para que el proceso no se retrasase por razones burocráticas.

Existen poquísimos precedentes de rescates realizados por encima de los ocho mil metros, pero la acción conjunta de todos los implicados ha dado sus frutos. Lolo era transportado en camilla por los argentinos y equipos de sherpas trabajando en turnos, hasta que ayer a medianoche llegaron al Campo 2, donde ya estaban siendo atendidos los otros heridos. Esta mañana, un helicóptero ha evacuado desde allí mismo a Lolo y a Roberto Rodrigo. Los demás han proseguido lentamente hacia el Campo Base, donde les esperaban los médicos de las expediciones de Edurne, Pauner y Himalayan Experience esperan para evaluar las lesiones, aplicar tratamientos y solicitar si es preciso nuevas evacuaciones por vía aérea.