Voy camino de New York a Washington en un tren. ¿Os preguntaréis qué hago por estos lares? ¿Edurne en las grandes ciudades? Pues sí, en las grandes ciudades buscando oportunidades para poder ir donde más me gusta, donde mejor me siento, donde creo que está mi vida, en las montañas. Pero no escribo para contaros esto. Lo hago porque la vida, al otro lado del mundo y lejos de la gente que quiero y de los que me quieren, me ha dado un gran palo.

He recibido una llamada de Silvio Mondinelli. Por desgracia no era una llamada para contarme cuál será su próximo proyecto en la montaña.  Era para darme una mala noticia, una muy mala noticia. “Mario Merelli se ha ido”. Es lo que me ha dicho.
¿Cómo? “Mario ha sufrido hoy un accidente en montaña y ya no está”, me respondió. Me quede unos segundos sin palabras. La boca seca y el corazón acelerado. No me lo podía creer. Otro amigo no, por favor. No, no, no…

Conocí a Mario en el año 2000. Fuimos juntos a la Norte del Everest y juntos hicimos el Everest en el 2001. Fuimos al Dhaulagiri en el 2001 y lloramos la muerte de nuestro compañero Pepe Garcés en aquella expedición. Volvimos al Himalaya al año siguiente para escalar el Makalu y así otra expedición y otra……

Después de cada expedición el volvía a Italia, a Lizzola, a su hotel montaña, y yo a mi casa hasta la próxima expedición. Cada uno hacía su vida, con algún email entre expedición y expedición o algún mensaje de teléfono para comentar cosas o simplemente para decir que estábamos bien. Hasta hoy. Ya no recibiré ninguno más. El último fue el día 23 de diciembre, donde me felicitaba las Navidades y me mandaba un beso.
Es extraño porque sé que seguiré esperando cada cierto tiempo un mensaje suyo. Unas palabras que me digan algo, porque es de esas personas de nunca piensas que se ha ido. Y que no quieres que salga de nuestras vidas. Ese amigo que está lejos pero a la vez lo siente cerca.

Mario, gracias por ser mi amigo, mi confesor mucha veces, gracias por ser buena persona, por querer a tus amigos y demostrarlo. Gracias por ser compañero de cordada y gracias por cada minuto que hemos pasado juntos donde hemos sido tan felices, en la montaña, en el Himalaya. Te echaré de menos.

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