No sé cómo empezar, cómo contar todo lo que ha pasado estos días. Tantas cosas, tantos sentimientos, tanta tristeza, tanta alegría, tanto de todo, que se me hace muy, muy difícil contarlo todo. Pero lo voy a intentar.

El día 20 de mayo llegábamos a la una del mediodía al Collado Sur del Everest, a 8000 metros, todo el equipo, Nacho, Asier, Ferrán, Jambu, Migma, Pasang y yo. Felices. Ya estábamos más cerca de nuestro objetivo: la cumbre del Everest. Llegamos, montamos las tiendas como pudimos, pues hacia frío y viento, y nos metimos dentro de ellas. Había más expediciones, más gente en el campo, todas igual que nosotros, esperando hacer cumbre el día siguiente pero con una diferencia, con oxigeno. Nos pusimos a derretir agua Asier, Jambu y yo en una tienda, y en la otra, Ferrán, Nigma, Nacho y Passan. Felices. Era nuestra oportunidad. El día siguiente se iba cumplir nuestro sueño o por lo menos lo íbamos a intentar. Hacia las 4 de la tarde me llama a gritos Nacho de la otra tienda. Me dice que Passan y Migma se encontraban muy, muy mal. Tenían un principio de mal de altura, no podían respirar y estaban exhaustos. ¡No! ¡Problemas! No lo dudamos y les pusimos oxígeno porque su saturación era bajísima.

Pablo nos dio una pautas desde el campo base y las seguimos.  Al empezar a respirar oxigeno fueron sintiéndose poco a poco mucho mejor, pero todos estábamos muy, muy preocupados y estaba claro tenían que bajar cuanto antes. Entró la noche. Nuestra intención antes de todo era salir hacia la cumbre hacia las 10, pero las cosas empezaban a cambiar. Migma y Passan tenían que bajar enseguida y en cuanto anocheció comenzó un fuerte viento. Hacia las 10 las expediciones comenzaron a salir para la cumbre, por supuesto con oxigeno, si no era imposible soportar el frío fuera, prodvocado por el viento. Nosotros, dentro de las tiendas, debatíamos qué hacer, subir, o no. ¿Pero cómo ibamos a subir? Passan y Migma no podían moverse, hacia viento y si salíamos en pocas horas estaríamos congelados. Con toda esa incertidumbre amaneció hacia las 5 de la mañana y el viento en el collado sur no paraba. Hacia las 6 Nacho y Ferrán pasaron a nuestra tienda, donde estábamos Asier, Jambu y yo, y entre todos decidimos bajar al campo base y ayudar a hacerlo a Migma y Passan, que gracias al oxígeno estaban mucho mejor.

Bajando del Collado Sur hacia el campo tres vimos como en el corredor de Lhotse había gente hacia la cumbre. Había dos personas muy arriba y un gran grupo mucho más abajo. Era el grupo de Juanito, Carlos y todo el equipo. Miramos, con un poco de envidia , por que ellos iban para cumbre. Yo giraba la cabeza y miraba a la cumbre del Everest. Ellos iban para arriba y nosotros nos bajamos. En aquel momento sientes dudas, si habíamos hecho bien  o no. Es verdad que nuestra montañas era casi 400 metros mas alta, pero siempre lo piensas. Me centré en la bajada porque ya teníamos mucho en ello. Miré hacia el corredor del Lhotse por ultima vez y les deseé mucha mucha suerte. Hacia las 4 de la tarde ya estábamos todos en el campo base, a salvo. Enseguida Pablo chequeó a Migma y Passan y vio que había sido la decisión adecuada. Parecía que el ataque a la cumbre y los problemas habían terminado. Pero no, no habían empezado. Pero no lo sabíamos nosotros.

Cuando el día 21, después de bajar de los 8.000 metros me metí a la cama, no sabía lo que nos íbamos a encontrar al día siguiente por la mañana. El día 22, a las 7 de la mañana empecé a escuchar mucho ruido fuera de la tienda. Y agitación. Escuche la palabra rescate. Salté de la cama.

Había problemas en el Lhotse. ¡No por favor! Habían llegado a la cumbre, pero muy tarde y habían iniciado la bajada exhaustos y con congelaciones al C4. Había gente que no se podía mover del C4, no podía bajar por sus propios pies y, lo peor de todo, Lolo había desaparecido y no había llegado al C4 en toda la noche. ¿Qué hacemos?
Enseguida me di cuenta de que tenía que pedir ayuda a las expediciones más grandes. En una de esas están mis grandes amigos Damián y Willi Benegas. Damián estaba en el Collado sur con sus clientes pero su hermano estaba en el campo base. Y no lo dudé. Fui en busca de ayuda.

Y entonces empezó todo. Enseguida, aquí en el campo base del Everest, se diseñó un equipo de rescate. Lo primero que hicimos fue llamar al campo dos para comprobar si veían a gente bajar del campo cuatro del Lhotse. Y nos dijeron que había gente descendiendo. Parece que se movían. Enseguida supimos que todo el mundo se había puesto en marcha, pero que en el C4 se quedaban Isabel y Rober, con grandes congelaciones, junto con un chico iraní.
Hablamos con Damián, que ya había empezado a bajar desde el Collado Sur y le dijimos que se fijaría por si veía a Lolo en alguna parte por encima del C4 de Lhothe. Era el único que podía ver esa zona. De repente desde el walki nos pregunta si llevaba algo naranja y le contestamos que sí. Veía algo naranja por encima del C4 en un lugar de rocas llamado “ la tortuga”.
Damián dejó a sus clientes bajando con sus sherpas y él y otro guía de su equipo, Matoco, no dudaron en subir al C4 del Lhotse. Allí encontraron a Rober y a Isa en muy mal estado, sobre todo él tenia unas graves congelaciones, y no veía. Hicieron los primeros auxilios a Rober y le vendaron los ojos. En ese tiempo llamaron a uno de sus sherpas, que estaba bajando con sus clientes, para que se diera la vuelta y ayudar. Así Rober e Isa, con ayuda de sherpa y el irani, comenzaron a bajar poco a poco.
Damian y Matoco no dudaron en ir a ver el bulto naranja que habían visto. Nuestra esperanza era nula. No sabéis la emoción que se siente aquí en el campo base cuando por detrás del walki  un exhausto Damián te dice: ¡ ESTÁ VIVO!
Lolo estaba vivo pero no se podía mover. Entonces empezaron a fijar cuerda y a rescatarlo de donde estaba porque se encontraba en una zona muy peligrosa y encima casi a 8000 metros. Realmente cuando la gente me pregunta si yo tengo héroes, héroes son este tipo de personas como Damián y Matoco, que arriesgan su vida para rescatar a una persona que apenas conocen. Y por supuesto un héroe es también una persona como Lolo por sus ganas de vivir. Por que sus palabras en aquel momento eran: “Quiero vivir”. Esos son héroes y nadie más.

Aquí empezó un rescate que ha durado dos días, dos de los días mas difíciles de mi vida. De la cual podéis encontrar más información en cualquier medio. Yo podría escribir páginas y páginas; minuto a minuto lo que ha pasado, por que está todo guardado minuto a minuto. Pero no lo voy hacer por que es muy duro recordar todo lo vivido.  Donde mis amigos estaban a punto de perder la vida, donde hubo tensión, miedo, alegrías, broncas… Donde han participado más de 50 personas. Expediciones como Himalayan Exporers, de Russel. Como la expedición IMG. Las expediciones de los Benegas, Patagonian Brothers. La nuestra, Endesa Everest sin O2. Gente de países diferente, de culturas distintas, pero todos nos hemos entendido y hemos salvado la vida de unas personas. Esto es la montaña y sabía que tenia amigos. Pero en estas 48 horas me he dado cuenta que tengo más que amigos. Gracias a esta vida, por haber personas en el mundo como las que me rodean. Por esto merece la pena vivir.

Estas 48 horas me han servido mucho más que muchos años que llevo en el Himalaya. Y con estas pocos párrafos quiero dar las gracias a todos, a todos estos HÉROES, que me han demostrado que merece la pena vivir y que la montaña es nuestra vida.

Nosotros, la expedición Endesa Everest sin O2, nos volvemos para casa. Estamos exhaustos y Vitor, nuestro meteorólogo, no nos ha dado una previsión buena para los próximos días. Es la mejor decisión para todos.

Gracias amigos.